Amalia
Amalia —Señor, usted ha almorzado con el diputado García —dijo Eduardo.
—No, señor, no he tenido el honor de almorzar con el señor don Baldomero.
—Entonces, con Garrigós.
—Tampoco, ni esto me parece del caso.
—Entonces la inspiración de ese estupendo discurso es puramente suya.
—Cortemos toda sociabilidad, señor Belgrano.
—Pero es, señor don Cándido —repuso Daniel—, que usted ha llamado conspirador a mi amigo, y esto me parece poco cortés entre colegas.
—¡Colegas! Yo he sido maestro del señor cuando era niño, inocente, tierno. Pero, después…
—Después le ha tenido usted oculto en su casa, mi querido maestro.
—Fue acción sin voluntad.
—Como quiera.
—Pero nunca he sido colega de usted para nada.
—Pero lo es usted ahora, señor don Cándido —replicó Daniel—. ¿No es usted secretario del señor Arana?
—Lo soy.
—Pues bien, el señor es secretario en comisión del general Lavalle.