Amalia
Amalia Dos días después de aquel en que Pílades había pasado por tanta agitación de espíritu y de cuerpo, en las calles, y en la casa de su amigo Oreste, es decir, el 5 de septiembre, Buenos Aires era toda confusión y anarquía en las ideas, en los temores y en las esperanzas; todo silencio y reconcentración en los enemigos de la dictadura, mientras los federales se hallaban en una agitación nerviosa que los ponía en continuo movimiento: era que desde las once se sabía que el ejército libertador estaba a una legua de la Capilla de Merlo; y, por consiguiente, que al otro día podía estar en Santos Lugares o en la ciudad misma.