Amalia

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Y no era él solo. Muchos eran los que se ocupaban de ese tráfico desde 1838 hasta 1842 en Buenos Aires. Y aunque ellos obrasen por el interés que les producía su arrojo, no es menos cierto que a ellos se debe la vida de centenares de buenos patriotas ciudadanos que, sin la protección de ese inusitado contrabando, habrían caído bajo el plomo o el puñal de Rosas.

Los más notables personajes de la emigración activa fueron salvados de Buenos Aires en las balleneras contrabandistas y la juventud casi toda no salió de otro modo que como salieron Paz, Agrelo, etc., es decir, bajo la protección de hombres como míster Douglas. Y hay que recordar un hecho bien explicativo, por cierto, y es que, cuando la delación, que era tan pródigamente correspondida, y cuando no pasaba un día sin que las autoridades de Rosas la recibiesen de hijos del país, en todos esos extranjeros, italianos, ingleses, norteamericanos, poseedores del secreto y de las personas de los que emigraban, sin ignorar la alta posición que muchos de ellos tenían en la sociedad —lo que habría importádoles una altísima recompensa de parte de Rosas—, no hubo uno solo que vendiese el secreto ni la confianza que se depositaba en él.



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