Amalia

Amalia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Un momento después ese ruido era bien perceptible y no podía dudarse ya de que lo originaba la marcha de muchos caballos.

De repente, el rumor de la marcha de la caballería cesó, pero pudo distinguirse el eco confuso de algunas voces al pie de la barranca. En seguida volvió a sentirse la marcha de los caballos.

«No hay duda —se dijo Eduardo—, ésta es la patrulla que ha hecho fuego. Se ha parado al pie de la barranca, y probablemente han hablado de esta casa. No hay duda; van a dar la vuelta para venir por el camino de arriba. ¡Fatalidad, fatalidad!» —y el joven se mordió los labios hasta sacarse sangre.

Al entrar a la sala, Amalia, que leía tan bien en el semblante de su amado, comprendió que alguna emoción profunda lo agitaba, y ella misma le abrió el camino diciéndole en el estilo que hablaba con él, y el único que le consentía, cuando no estaban en ciertos momentos en que la poesía del amor les inspiraba un tratamiento más dulce y más íntimo:

—Hable usted, Eduardo: yo siempre tengo en mi alma la resignación esperando a la desgracia.

—No; desgracia no —repuso aquél, como avergonzado de que su amada hubiera notado en su semblante alguna expresión pasajera de temor.

—¿Y qué es, pues?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker