Amalia
Amalia Le faltaba el segundo período de su revolución. Y aquí se chocaron entonces los grandes extremos del pensamiento: la innovación que creaba, la reacción que destruía.
Triunfante la última en sus primeros pasos, la lógica de la historia no podía fallar, y era necesario que se completase el gran cuadro de esa otra faz de la nueva nación. Y el crimen, el vicio, la relajación de todas las nociones del cristianismo, la subversión de todos los principios conservadores de la sociedad, el atraso, la estagnación y la indolencia, la inacción y la impotencia del pensamiento, el olvido de la tradición, y una índole acomodaticia al nuevo orden de vida, todo debía contribuir a llenar el cuadro de la tiranía de Rosas, que no debió quedar incompleto, como no lo queda ninguna de las perspectivas históricas, que nacen sin esfuerzo de situaciones dadas y francas en la vida de las sociedades.