Amalia

Amalia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No quise decir eso —replicó Bello—; quise decir que, si la Inglaterra tuviese interés en distraer algo la atención de la Francia con su cuestión del Plata, hoy se le ofrecería una brillante oportunidad. Precisamente venía hablando de eso con el señor Belgrano.

—Sin embargo… si las instrucciones del barón de Mackau son de arreglar a todo trance este negocio, confieso a usted que no veo cómo la Inglaterra podría estorbar el arreglo, en la hipótesis, puramente caprichosa, de que tuviere interés en ello.

—Aquí, no, pero en Francia podría estorbar la ratificación del tratado, puesto que llevará un vicio de nulidad, que felizmente no lo echarán de ver en Francia, y que echaría a perder todo si el gabinete inglés lo hiciese conocer a la oposición francesa, y la trabajase en ese sentido. De ese temor precisamente veníamos hablando con Bello —dijo Eduardo, mientras que el señor Mandeville volvía sus inteligentes ojos de uno a otro de aquellos jóvenes, cuyo pensamiento verdadero quería agarrar y se le escapaba a cada momento.

—¿Y en qué estaría ese vicio? —preguntó Mandeville con ingenuidad.

—Nada menos que en la firma del señor gobernador —contestó Daniel.

—¿Cómo?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker