Amalia
Amalia —Que los unitarios que están en Montevideo han preparado una demostración al señor Mackau que, hasta cierto punto, no deja de ser un fuerte argumento.
—¿Y es, señor Bello?
—Que la firma del señor gobernador es falsa, mi querido señor Mandeville. Figúrese usted que ellos raciocinan de este modo: que aun cuando el señor Mackau traiga instrucciones para tratar a todo trance, no hay autoridad con quien tratar en la República Argentina, porque el general Rosas no tiene poder ni representación alguna para ajustar tratados a nombre de la Nación Argentina.
—Pero es un poder de hecho —replicó el señor Mandeville—, y el plenipotenciario no tiene que investigar su legalidad, sino reconocerle y tratar con él.
—A ese argumento contestan los unitarios —prosiguió Bello—, que, si el almirante viniese a tratar con el señor general Rosas, como simple gobernador de Buenos Aires, y con relación a esta sola provincia, entonces podía tratar con él, como el almirante Le-Blanc y el señor Martigny se han entendido con el gobierno de Corrientes. Pero que, viniendo a tratar con un gobierno que represente en el exterior a la soberanía nacional, se encontraría con que este gobierno no existía.
—Algo hay de eso, en efecto —contestó Mandeville, con aire distraído.