Amalia
Amalia —¡Conque hasta a mí me aborrece esa señora!
—No, de usted no me ha hablado nada. Es a su prima a la que no quiere.
—Yo le he de contar algún día por qué, comandante.
—Hoy estaba encerrada con Troncoso y una negrita de por ahí por la quinta.
—¡Mientras usted, comandante, se ocupa de los verdaderos servicios a la Federación, vea de lo que se ocupa doña María Josefa!
—¡Pues haciendo espiar mujeres!
—Por supuesto. La negrita ha de ser espía. ¿Qué quiere tomar, comandante?
—Nada, don Daniel, acabo de almorzar.
—¿Y no ha oído nada?
—¿De qué?
—¿Todavía no ha recibido cierta orden?
—No sé, pues.
—Por el Retiro.
—¿Por el Retiro?
—Sí, pues, la casa grande.
—¿La del cónsul?
—Sí.
—¡Ah, no! Orden, no, pero ya sabemos.
—¡Así!