Amalia
Amalia Y si hubiera sido posible que en medio de la epopeya dramática de nuestra revolución, las utopías no hubiesen herido la imaginación de nuestros mayores, el porvenir les habría debido grandes bienes, si en vez de sus sueños constitucionales, y de su quimérica república, hubiesen consultado la índole y la educación de nuestro pueblo para la aceptación de su forma política de gobierno; y su ignorancia y sus instintos de raza para la educación de moral y de hábitos que era necesario comenzar a darle. Español puro y neto, sólo la religión y el trono habían echado raíces en su conciencia oscura; y las lanzas tumbando el trono, y la demagogia sellando el descrédito y el desprecio en los pórticos de nuestros templos católicos, dejaron sin freno ese potro salvaje de América, a quien llamaron pueblo libre, porque había roto a patadas, no el cetro sino la cadena del rey de España; no la tradición de la Metrópoli, sino las imposiciones inmediatas de sus opresores; no por respirar el aire de libertad que da la civilización y la justicia, sino por respirar el viento libre que da la naturaleza salvaje.