Amalia

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En este orden habían llegado ya a la parte del Bajo, que está entre la Residencia[6] y la alta barranca que da a Barracas, en la calle de la Reconquista[7], es decir, se hallaban en paralelo con la casa que habitaba el ministro de Su Majestad Británica, caballero Mandeville[8].

En ese paraje, Merlo se detiene y les dice:

—Es por aquí donde la ballenera debe atracar.

Las miradas de todos se sumergieron en la oscuridad, buscando en el río la embarcación salvadora, mientras que Merlo parecía que la buscaba en tierra, porque su vista se dirigía hacia Barracas, y no a las aguas donde estaba clavada la de los prófugos.

—No está —dijo Merlo—; no está aquí, es necesario caminar algo más.

La comitiva lo siguió, en efecto; pero no llevaba dos minutos de marcha cuando el coronel Lynch, que iba en pos de Merlo, divisó un gran bulto a treinta o cuarenta varas de distancia, en la misma dirección que llevaban; y en el momento en que se volvía a comunicárselo a sus compañeros, un ¡quién vive! interrumpió el silencio de aquellas soledades, trayendo un repentino pavor al ánimo de todos.


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