Amalia
Amalia El prestigio moral de los tiranos, esa fuerza secreta que fascina y enferma el espíritu de los hombres, en unión con la voluntad intransigible del dictador argentino, empezaron por insinuarse, y acabaron por dominar el espíritu del enviado británico, que, fiado en sus buenas disposiciones personales hacia Rosas, no temió de cultivar y estrechar su relación individual con él, sin alcanzar a prever que hay ciertos contactos en la vida de que no se sale jamás sino postrado el ánimo y avasallada la voluntad.
Una vez dominado moralmente, todo lo demás era lo menos; y las humillaciones personales vinieron luego a complementar la obra, haciendo del representante de la poderosa Inglaterra el más sumiso federal, si no de la Mazorca, a lo menos de la clase tribunicia de Rosas, cuya misión era propagar sus virtudes cívicas, dentro y fuera del país.