Amalia
Amalia El caballero Juan Enrique Mandeville, plenipotenciario inglés cerca del gobierno argentino, había conseguido de Rosas lo que éste mismo negó a su predecesor míster Hamilton: es decir, la conclusión de un tratado sobre la abolición del tráfico de esclavos. Y de este triunfo sobre míster Hamilton, nacieron las primeras simpatías de míster Mandeville hacia la persona de Rosas.
Él no podía desconocer, sin embargo, que quien arrastraba al dictador a la celebración de aquel pacto el 24 de mayo de 1839, era la necesidad de buscar en la amistad y protección del gobierno de Su Majestad Británica un apoyo que le era necesario desde el 23 de setiembre de 1838. Pero cualesquiera que fuesen las causas, era ese tratado un triunfo para aquel plenipotenciario, recogido de las manos de Rosas.
Pero los hombres como Rosas, esas excepciones de la especie que no reconocen iguales en la tierra, jamás quieren amigos, ni lo son de nadie; para ellos la humanidad se divide en enemigos y siervos, sean éstos de la nación que sean, e invistan una alta posición cerca de ellos, o se les acerquen con la posición humilde de un simple ciudadano.