Amalia
Amalia Esta reflexión, súbita como la luz, sin embargo, no había terminádose en su pensamiento, cuando los asesinos estaban ya sobre él, tres de ellos con sables de caballería y el otro armado de un cuchillo de matadero[9]. Tranquilo, valiente, vigoroso y diestro, Eduardo los recibe a los cuatro parando sus primeros golpes, y evitando con ataques parciales que le formasen el círculo que pretendían. Los tres de sable lo acometen con rabia, lo estrechan y dirigen todos los golpes a su cabeza; Eduardo los para con un doble círculo, y haciendo dilatar la rueda que le formaban, con cortes de primera y tercera, comienza a ganar hacia la ciudad largas distancias, conquistando terreno en los cortes con que ofendía, y en los círculos dobles con que paraba.
Los asesinos se ciegan, se encarnizan, no pueden comprender que un hombre solo les resista tanto; y en su vértigo de sangre y de furor no perciben que se hallan ya a doscientos pasos de sus compañeros; cumpliéndose más en cada momento la intención de alejarlos, que desde el principio tuvo Eduardo para perderse con ellos entre la oscuridad de la noche.