Amalia
Amalia Eduardo, sin embargo, sentía que la fuerza le iba faltando, y que era ya difícil la respiración de su pecho. Sus contrarios no se cansan menos, y tratan de estrecharlo por última vez. Uno de ellos incita a los otros con palabras de demonio, pero al momento de descargar sus golpes sobre Eduardo, éste tira dos cortes a derecha e izquierda con toda la extensión de su brazo, amaga a todos, y pasa como un relámpago de acero por el centro de sus asesinos, ganándose algunos pasos más hacia la ciudad.
El hombre del cuchillo acababa de perder éste y parte de su mano al filo de la espada de Eduardo, y otro de los de sable empieza a perder la fuerza en la sangre abundante que se escurría de una honda herida en su cabeza.