Amalia
Amalia —Señor secretario —dijo Salomón, echándose hacia atrás en el respaldo de su silla—, lea usted la lista de los señores presentes.
Boneo tomó el primer papel de unos que había sobre la mesa, y leyó en voz alta los nombres que había apuntado antes con un lápiz; y dijo así:
—Presentes: Los señores presidente, Cuitiño, Parra, Parra (hijo), Maestre, Alem, Alvarado, Moreno, Gaetano, Larrazábal, Merlo, Moreira, Díaz, Amoroso, Viera, Amores, Maciel, Romero, Boneo.
—¿No hay más? —preguntó Salomón.
—Son los presentes, señor presidente.
—Lea usted la lista de los ausentes.
—¿De toda la Sociedad?
—Sí, señor. ¿Pues qué, somos menos que los representantes? Somos tan buenos federales como ellos y debemos saber los que están y los que no están, como se hace en la sala de representantes. Lea usted la lista.
—Socios ausentes —dijo Boneo, y leyó la lista de la Sociedad Popular Restauradora, que constaba de 175 individuos de todas las jerarquías sociales.
«¡Bravo! Ahora ya nos conocemos todos, aun cuando en esa lista hay hombres por fuerza» —dijo Daniel para sí mismo, luego que el secretario concluyó la lectura de los socios; y en seguida dio un tironcito de los anchos calzones de Salomón.