Amalia
Amalia Nada sabÃan sobre Eduardo. Daniel salió contento; dobló por la calle de las Artes, y en la esquina de la de Cuyo[61] encontró a FermÃn, que lo esperaba con un caballo de la brida. La calle estaba llena de gente, y sin mirar al criado, Daniel le dijo al montar estas solas palabras:
—A las nueve.
—¿Allá?
—SÃ.
Y el magnÃfico caballo blanco en el que acababa de montar Daniel tomó el trote por la plaza de las Artes en dirección a Barracas. Llegó luego a la calle del Buen Orden, que es la prolongación de aquélla, y llegó a la barranca de Balcarce en el momento en que empezaban a apagarse los últimos crepúsculos del dÃa.