Amalia
Amalia —Tome usted la más gruesa.
—Vaya pues. Aquí está una de rayar.
—Perfectamente. Escriba usted con escritura española el mismo número y la misma palabra en estos otros papelitos —y Daniel dio a don Cándido ocho papeles más.
—¿Es decir, que quieres que desfigure la letra?
—Justamente.
—Pero, Daniel, eso está prohibido.
—Señor don Cándido, ¿me hace usted el favor de escribir lo que le dicto?
—Bien; ya está —dijo don Cándido, después de haber escrito con la pluma gruesa, y en forma española, el número y la palabra.
—¿Tiene usted tinta de color?
—Aquí hay punzó de la mejor clase, superior, brillante.
—Úsela usted, pues, para estos otros papeles.
—¿El mismo número?
—Y la misma palabra.
—¿En qué escritura?
—Francesa.
—La peor de todas las escrituras posibles, ya está.
—Ahora, los últimos ocho papelitos.
—¿Con qué tinta?