Amalia
Amalia —Ésa era mi idea. Pero fue a casa; el dinero me lo pidió para cubrir un compromiso del momento, y quedó conmigo en que ayer me escrituraría la hipoteca.
—¿Y se hizo así?
—No, no le he visto la cara en todo el día de ayer.
—¿Y hoy?
—Tampoco.
—Entonces, señor González, siento decir a usted que mañana sucederá lo mismo que ayer y que hoy.
—¡Cómo! ¿Cree usted?…
—Yo creo muy pocas cosas en la vida, señor; pero dudo de muchas.
—¡Ah! Entonces duda usted que Mansilla…
—No dudo del general; dudo de la época: época esencialmente excepcional, todas las acciones deben serlo.
—Pero…
—Eso es lo único de que dudo, señor. Pero no es sino una idea mía, que puede ser extravagante… ¡qué sé yo!… ¡Tantas veces nos equivocamos al cabo del día!