Amalia
Amalia «Doña Agustina Rosas de Mansilla fue la mujer más bella de su tiempo», es necesario que escriba la crónica contemporánea, para que algún día lo repita la historia de nuestro país, fiada en la verdad de escritores independientes e imparciales, y de bastante altura de espíritu para descender a animosidades pequeñas por afiliaciones de partido o de creencias políticas. Y hemos nombrado la historia, porque ella no podrá prescindir de ocuparse de toda la familia de don Juan Manuel de Rosas, cuyos miembros han figurado, más o menos, en los diversos cuadros y episodios del gran drama de su gobierno. Y la misma Agustina, si bien en la época de los acontecimientos que narramos vivía completamente ajena a la política, embebida en su vida misma, rodeada de admiradores y lujo, pasó a ser, más tarde, cuando el gobierno de su hermano se dio una exterioridad diplomática y regia, uno de los personajes más espectables de la época, y cuyo nombre, como el de Manuela, ocupó los libros, los diarios y la conversación de cuantos trataron de los asuntos del Plata, grandes o pequeños, amigos o enemigos.