Amalia
Amalia —Uno de los peones encargados de levantar el telón de boca.
—¡Oh, es admirable la carrera de ese señor! ¿Y cómo ha llegado hasta el lugar donde se halla?
—Muy sencillamente: el general Zapiola lo empleó de escribiente en la capitanía del puerto, y la Federación lo hizo comandante de aquélla.
—Y aquel otro caballero que en este momento conversa con el señor Jimeno, ¿quién es?
—Ése es el señor general Mansilla.
—¡Ah, el general Mansilla!
—Uno de los más furiosos unitarios que ocuparon un banco en el congreso constituyente. ¿Ve usted ese otro personaje que se les acerca?
—Si, ¿quién es?
—Torres, don Lorenzo Torres[68]. ¡Dios los cría y ellos se juntan!
—¿Por qué dice usted eso, señora?
—Porque Torres también fue unitario, hasta mucho después de la revolución de Lavalle —contestó la señora de N… que parecía saber de memoria la biografía de todo el mundo.
—¿De suerte —dijo Amalia—, que hoy hay muchos federales que no lo han sido siempre?