Amalia
Amalia —¿Sabe usted, Pedro, la casa del doctor Alcorta[18]?
—¿Tras de San Juan?
—Allí.
—Sí, señor.
—Pues irá usted a ella; llamará hasta que le abran, y entregará esta carta diciendo que, mientras se prepara el doctor, usted va a una diligencia, y volverá a buscarlo. En seguida pasará usted a mi casa, llamará despacio a la puerta, y a mi criado, que ha de estar esperándome, y que abrirá al momento, le dará usted esta otra carta.
—Bien, señor.
—Todo esto lo hará usted a escape.
—Bien, señor.
—Otra cosa más. Le he dado a usted una carta para el doctor Alcorta; mil incidentes pueden sobrevenirle en el camino, y es necesario que se haga usted matar antes que dejarse arrancar esa carta.
—Bien, señor.
—Nada más ahora. Son las doce y tres cuartos de la noche —dijo Daniel mirando un reloj que estaba colocado sobre el marco de una chimenea—, a la una y media usted puede estar de vuelta con el doctor Alcorta.