Amalia
Amalia —Vamos.
Amalia notó que el semblante de Daniel estaba algo descompuesto, y no vaciló en preguntarle por la causa de ello.
—No es nada —le contestó el joven—, acabo de jugar mi nombre a la salud de mi patria. Vamos, Florencia —prosiguió Daniel, dirigiéndose a su amada, que en aquel momento se acercaba a Amalia.