Amalia

Amalia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No comprendéis, señor Varela, y eso es bien natural. Yo os lo explicaré: hace tres días que recibí una carta de este caballero, anunciándome que hoy llegaría a Montevideo a tener conmigo una conferencia y que se volvería luego; me pedía una seña para hacerse conocer de mí, le mandé la mitad de una carta de visita; ha cumplido exactamente su palabra, hace una hora que estamos juntos, y mañana parte; ved ahí todo. Cuando habéis llegado, no he creído deber ocultaros este suceso porque conozco vuestra circunspección, y para daros una prueba del concepto que de ella tengo, os diré que este caballero se llama Daniel Bello. Después de esta noche, todos debemos olvidar este nombre por algún tiempo.

—Señor Bello —dijo Varela—, hace mucho tiempo que os admiramos; habéis hecho grandes servicios a nuestro país en la comunicación continua y segura que sostenéis con los que trabajan por su libertad, pero el interés que me inspiráis me autoriza para deciros que corréis grandísimo peligro en volver a Buenos Aires después de haber salido de él, aunque sea por tan pocas horas.

Daniel hizo un gesto, uno de esos movimientos indefinibles de la fisonomía que equivalen a veces a un discurso elocuente, y en el cual la mirada perspicaz del señor Varela comprendió que el joven le decía: «No me cuido de mí, no hablemos de mí».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker