Amalia
Amalia Día 14. Las guerrillas fuertes. El enemigo se movió a una distancia de media legua, y desde las cuatro de la tarde lo seguimos con ánimo de batirlo. El general en jefe, el estado mayor y todas las divisiones de caballería mantienen sus caballos ensillados, pues todo hace creer que mañana debe darse la batalla. Hemos tenido diecisiete pasados del enemigo.
Día 15. A las tres de la mañana marchó toda nuestra infantería y artillería, situándose a menos de tiro de cañón de la columna enemiga: antes de asomar el sol, nuestra artillería rompió el fuego sobre las baterías enemigas, y después de haberles muerto algunos individuos, fueron obligados a abandonar su primera posición, volviéndose hacia su retaguardia. Nuestra línea de batalla estaba ya formada, pero este movimiento del enemigo ha hecho que la batalla se demore hasta mañana, pues siempre se mantienen encerrados entre zanjones impasables. Creíamos que hoy sería un día de victoria, lo será mañana.
Día 16. El fuego de nuestra artillería de ayer duró más de media tarde. Hubo una junta de guerra, y resultó que debíamos batirlos hoy en sus mismos atrincheramientos. Desde anoche lo pasó el ejército con la línea de batalla formada, esperando la aurora, que llegaba demasiado tarde.