Amalia
Amalia »El señor Varela, espíritu fecundo, activo, inteligencia de concepciones rápidas, corazón ingenuo y apasionado, vida colocada en los límites de dos generaciones totalmente diferentes en sus tendencias, y que de las miras de una y de otra podrá venir a ser el contemporizador algún día. Si él se separara de los principios de la nueva generación, sería necesario conquistarlo, porque su conquista sería un triunfo.
»Veamos de otra manera: don Santiago Vásquez; no olvidaré jamás nuestra conversación de esta noche; es una gran cabeza. Si la República Oriental llegase a poseer alguna vez media docena de hombres como éste, podría decir entonces que tenía cuanto le era necesario para constituir un gran todo, de tantos elementos que la Naturaleza y la revolución le han dado, y de que todavía no ha sacado partido.
»¿Qué puedo deducir de nuestra entrevista? Que Vásquez no está en su centro; que sus vistas son demasiado extensas para que puedan caber en el estrecho círculo de los pequeños partidos que se han empeñado en amontonar obstáculos donde más tarde ha de tropezar el progreso de este bello país. Que él trabaja por la unidad de intereses políticos entre las Repúblicas Oriental y Argentina, y sus enemigos lo hostilizan y lo separan de los negocios, so pretexto de que es amigo de los porteños.