Amalia
Amalia Fue en este estado de cosas, y al siguiente día de recibirse la noticia de la batalla, que Daniel se embarcó para Montevideo, donde tuvieron lugar las entrevistas que se conocen ya. Y es, pocos días después de su regreso a Buenos Aires, que vamos a encontrarnos con él en la encantada quinta de Barracas, cuyos dos habitantes ignoraban aquella partida, aun cuando Daniel se había despedido de ellos por tres días, llegándola a saber solamente cuando los estrechó en sus brazos, libre ya de los peligros que había corrido, y de cuya penosa incertidumbre quiso libertar a sus amigos ocultándoles su arriesgadísimo viaje. El secreto había sido revelado a su Florencia solamente, de quien los ruegos, como los de un ángel, habían subido hasta Dios, y acompañado al bien amado de su alma en los momentos en que arriesgaba la vida por su patria.