Amalia
Amalia —No, Don Daniel, no dé paso ninguno, si son los unitarios, como usted ha dicho —le contestó Cuitiño, que creía a Daniel hombre de gran influencia en la casa de Rosas.
—¿Qué quiere tomar, comandante?
—Nada, don Daniel. Lo que yo quiero es que esta señora no se quede enojada conmigo, porque nosotros no sabíamos qué casa era ésta.
Amalia hizo apenas un ligero movimiento con la cabeza, porque estaba completamente atónita, menos por la presencia de Cuitiño, que por el inaudito coraje de Daniel.
—¿Entonces, se retira, comandante?
—Sí, don Daniel, y ni la contestación le voy a llevar a doña María Josefa.
—Hace bien; son cosas de mujeres y nada más.
—Señora, muy buenas noches —dijo Cuitiño saludando a Amalia, y marchando, con toda su comitiva, acompañado de Daniel, a tomar sus caballos.