Amalia
Amalia Si el general en jefe manda atacar, la victoria es segura. Para ello es preciso que los libertadores desplieguen todo su coraje. Que la caballería cargue con ímpetu a estrellarse contra el enemigo, el cual no resistirá. Las legiones que el general en jefe señale es preciso que se reúnan luego que el enemigo haya dado la espalda; las demás perseguirán.
El general en jefe tiene una gran confianza en su ejército.
Juan Lavalle.
—¡Sublime, sublime! —exclamó la entusiasta Amalia, luego que Daniel hubo acabado de leer la orden del ejército.
—Sí, mi Amalia; yo he encontrado siempre que todas las proclamas y órdenes de ejército se parecen mucho, y que son sublimes; pero lo que yo deseo ver siempre es la sublimidad de las acciones; será sublime la empresa del general Lavalle, si él viene a estrellar sus escuadrones sobre las calles de Buenos Aires.
—Pero vendrá.
—Dios lo quiera.
—Y dime ¿cómo tienes, imprudente, este papel en tu bolsillo?
—Lo acabo de recibir en la misma casa donde he dejado a Eduardo.
—Pero ¿qué casa es ésa?
—Oh, nada menos que la de un empleado.