Amalia
Amalia —Es lo que me daría el triunfo, señor Mandeville; contra mi sistema no hay más peligros que los inmediatos a mi persona; pero los que están lejanos y duran mucho, esos me hacen bien, lejos de hacerme mal.
—Vuecelencia es un genio.
—A lo menos valgo más que los diplomáticos de Europa. ¡Pobre de la Federación si hubiera de ser defendida por hombres como ustedes! ¿Usted sabe por qué a los unitarios se los llevó el diablo?
—Creo que sí, Excelentísimo Señor.
—No, señor; no lo sabe.
—Puede que esté equivocado.
—Sí, señor; lo está. Se los llevó el diablo porque se habían hecho franceses e ingleses.
—¡Ah, las guerras locales!
—Las guerras nuestras, diga usted.
—Pues las guerras americanas.
—No, las guerras argentinas.
—Pues las guerras argentinas.
—Ésas requieren hombres como yo.
—Indudablemente.
—Si yo venzo a Lavalle aquí, me río de todo el resto de la República.
—¿Vuestra Excelencia sabe que el general Paz ha marchado para Corrientes?
—¿No ve? ¿No ve si son zonzos los unitarios?
—Cierto, el general Paz no hará nada.