Amalia
Amalia —Me parece que sí.
—Eso es muy fuerte, señora.
—Sin embargo, ése es el nombre.
—Yo trato de hacer siempre todo el bien que puedo. Además, yo sabía que desde anoche no podía haber ningún hombre en esta casa, después de la visita de Cuitiño. Doña María Josefa Ezcurra, sin embargo, que tiene un empeño especial en perseguir esta casa, mientras yo lo tengo en protegerla, fue esta mañana a dar parte al señor gobernador de que aquí se ocultaba una persona que se busca hace mucho tiempo por la autoridad. Su Excelencia mandó llamar al señor Victorica, le dio la orden que está cumpliendo, y yo, que tuve la suerte de saber lo que ocurría, no perdí un instante en comunicárselo a usted, decidiéndome también a acompañar al señor Victorica, por si tenía la suerte de poder librar a usted de algún compromiso. Ésta es mi conducta, señora; y si hago una traición a mis amigos, la causa por que así procedo me justifica plenamente. Esa causa es santa; nace de una simpatía instantánea que sentí por usted desde que tuve la dicha de conocerla. Desde entonces, mi vida entera está consagrada a buscar los medios de acercarme a esta casa; y mi posición, mi fortuna, mi influencia…