Amalia
Amalia La cuadra de la iglesia estaba toda adornada de olivo y lindas banderas, las cuales fueron tomadas por los vecinos y «de golpe las rindieron al pasar el retrato, hincando la rodilla», causando un espectáculo verdaderamente imponente el repique de las campanas, cohetes de todas clases y vivas del inmenso pueblo que había allí reunido; al llegar al atrio tomaron el señor juez de paz y el señor maestre el retrato, y entraron con él en la iglesia, en cuya puerta el señor cura y seis sacerdotes de sobrepelliz, acompañaron el retrato hasta que se colocó en el lugar destinado, y como se retirase la comitiva por no empezarse la función de iglesia, se dejaron dos tenientes alcaldes uno a cada lado del retrato haciéndole guardia…, hasta que, concluida la función, tomó asiento el acompañamiento esperando al señor cura y demás sacerdotes que, de sobrepelliz, salieron a acompañar el retrato que fue sacado hasta el atrio, donde lo recibió el señor juez de la instancia, don Lucas González Peña…