Amalia
Amalia Luego que el señor inspector general dispuso la retirada del retrato, empezó la marcha en el mismo orden, siguiendo la columna por el expresado arco principal, y de éste por la calle de la Reconquista hasta la casa de Su Excelencia. Al salir de la fortaleza el acompañamiento, se empeñaron las señoras en conducir el retrato de Su Excelencia, tirando del carro que alternativamente habían tomado los generales y jefes de la comitiva al conducirlo al templo. Las señoras mostraron el más delicado y vivo entusiasmo, y vimos con inmenso placer a las distinguidas señoras doña…, etc., etc. [*4]
Como se ve, pues, estas célebres fiestas tuvieron por origen un crimen; y dignas sucesoras de esa causa, ellas en sí mismas eran un crimen, y fueron más tarde madres de mil crímenes.
En el estado normal de las sociedades, en toda reunión pública, e trata de poner en competencia la cultura o el talento, la elegancia o el lujo.
En toda reunión pública, o se trata de agradar, o se trata de moralizar.
En las famosas fiestas parroquiales, todo era a la inversa, porque el ser moral de la sociedad estaba ya invertido.
Cada parroquia era un inmenso certamen de barbarismo, de grosería, de vulgaridad y de inmoralidad, de patricidio y de herejía.