Amalia
Amalia En pos de la borrachera federal venía la danza federal. Y la joven inocente y casta, llevada allí por el miedo o la degradación de su padre; la esposa honrada, conducida muchas veces a esas orgías pestíferas con las lágrimas en los ojos, tenían luego que rozarse, que tocarse, que abrazarse en la danza con lo más degradado y criminal de la Mazorca.
Estas escenas fueron interrumpidas momentáneamente por la revolución del Sur, en octubre del mismo año de 1839, pero continuadas tan pronto como fue sofocado aquel heroico movimiento. Y en ellas fue donde debía engendrarse la época de sangre que debía comenzar en 1840. Porque, si la cabeza de Zelarrallán, de Castelli y otros habían dado ya ocupación al cuchillo, todo eso no era, sin embargo, sino los preludios de las ejecuciones en masa que debían cometerse más tarde.
El terror fue graduado, fría y sistemáticamente, por el dictador.
Las personerías.
Los azotes.
Los moños de cinta, pegados con brea en la cabeza de las señoras.