Amalia
Amalia Yo mismo tendría mucho gusto en asistir a la reunión y en prepararle a usted un discurso federal para que entusiasmase a los defensores del Restaurador, como lo he hecho otras veces, aun cuando usted es muy capaz de desempeñarse por sí solo, toda vez que se trate de nuestra santa causa de la Federación, y de la vida del ilustre Restaurador de las Leyes.
Si usted dispone la reunión federal, sírvase contestarme antes de las doce, y disponga de éste su atento servidor que lo saluda federalmente
Daniel Bello.
—Este hombre hará cuanto le digo —dijo Daniel después de escribir la carta, con un acento de completa confianza—. Este hombre y todos los demás de su especie, devorarían a Rosas sin saberlo ellos, si solamente hubiera tres hombres como yo que me ayudasen a conducirlos: uno en la campaña, otro en el ejército, otro cerca de Rosas, y yo en todas partes como Dios, o como el diablo… Me falta otra carta todavía —continuó, abriendo un secreto de su escritorio y sacando un papel lleno de signos convencionales, que consultaba a medida que escribía con ellos lo siguiente:
Buenos Aires, 5 de mayo de 1840.