Amalia
Amalia —En el momento, Excelentísimo señor gobernador delegado —contestó el secretario.
—Esas patrullas no toman el santo en la policía, y todas las noches hay conflictos entre ellas y las que salen del Departamento.
—Anote usted esa circunstancia, señor Don Cándido.
—Inmediatamente, señor Excelentísimo.
—Una de las patrullas de la Sociedad Popular ha arrestado anoche a dos vigilantes de policía porque no llevaban papeletas de socios restauradores.
—Que no se olvide esto, señor don Cándido.
—De ningún modo, respetable y Excelentísimo señor.
—Cuatro panaderos se han presentado a mi oficina anunciando que no podrán continuar la elaboración del pan si no se les permite reducir su peso, por cuanto están pagando sueldos crecidísimos a peones extranjeros, porque los hijos del país han sido llevados de leva.
—Que hagan el pan más grande, y multa si no trabajan.
—La señora doña María Josefa Ezcurra solicita que se haga un nuevo registro en una casa que ya fue visitada en Barracas, y cuya dueña no está allí hace algunos días.
—¿Lo pide por orden del señor gobernador?
—No, señor. Por orden suya.