Amalia
Amalia —Hay el que no me ha contestado usted, ni me ha autorizado para lo de las patrullas, ni para contener los avances de la Sociedad Popular, que pone presos a los empleados de la policía.
—Consultaré.
—¿Pero no es usted el gobernador delegado?
—Lo soy.
—¿Y entonces?
—No importa, lo consultaré con el señor gobernador.
—Pero el señor gobernador no está hoy para ocuparse de asuntos de servicio interior.
—No importa, lo consultaré.
—¡Válgame Dios, señor don Felipe! ¡Si usted es el gobernador delegado, y no sé que lo que pido esté fuera de sus atribuciones!
—Sí, hombre, sí, soy el gobernador delegado; pero es por forma ¿entiende usted?
—Creo que entiendo —contestó Victorica, que bien lo sabía, pero que hubo pensado poder sacar algo que lo garantizase de la Mazorca.
—Por forma —continuó don Felipe—, para que los unitarios no digan que marchamos sin las formas, pero nada más.
—Ya.
—Esto es para entre nosotros ¿eh?
—Sin embargo, el secreto lo saben todos.