Amalia
Amalia Inútil es decir todas las felicitaciones que recibió don Cándido. Pero no podemos callar que, a pretexto de estar mojado, el maestro de Daniel se despidió muy pronto de sus decididos amigos, y que por una reacción natural en su organización, la debilidad sucedió al coraje artificial con que logró salvarse del peligro que había corrido, y tuvo que entrar a tomar una taza de café a un hotel inmediato a la capitanía, para poder llegar después a casa de Daniel, como pensaba, a echarle en cara las consecuencias que estaba sufriendo, después de la vida política a que lo había arrastrado, y a prevenirle que la vida de los dos estaba expuesta a ser sacrificada en hecatombe, como decía doña Marcelina.