Amalia
Amalia El 13 de abril el pueblo salteño depone a su antiguo gobernador, elige otro provisionalmente, y desconoce a Rosas en el carácter de gobernador de Buenos Aires.
La Rioja, Catamarca y Jujuy, de un momento a otro, debían hacer igual declaración que las provincias de Tucumán y Salta.
Así, pues, de las catorce provincias que integran la República, siete de ellas estaban contra Rosas.
La provincia de Buenos Aires presentaba otro aspecto.
El sur de la campaña estaba debilitado por la copiosa emigración que sucedió al desastre de la revolución, y por las sangrientas venganzas de que acababa de ser víctima.
Al norte, la campaña estaba intacta, y rebosaba de descontentos. Rosas lo conocía, y no podía, sin embargo, dar un golpe sobre ella; porque no tenía allí caudillos ni campeones conocidos; había ese rumor sordo, ese malestar sensible que indica siempre la cercanía de las grandes conmociones publicas, que tienen su origen en alguna situación común que pesa sobre todos.
Rosas quería atender a todas partes, pero en todas partes era más pequeño que los sucesos que afrontaba, y sólo su audacia le inspiraba confianza.