Amalia
Amalia —¡Qué, no! Después se fue a acostar a su cuarto.
—¡Ah! ¿Tienen ustedes cuarto aparte?
—Hace más de dos años.
—¿S�
—Y es por eso que lo hago rabiar. Yo paso unas soledades terribles, pero no cedo. Porque, mire usted, yo soy una mujer de pasiones violentas. Tengo una imaginación volcánica, y no he encontrado todavÃa quien me comprenda.
—Pero, señora ¿y su marido de usted?
—¿Mi marido?
—Pues, el señor Rivera.
—¡Marido, marido! ¿Pero hay cosa más insoportable que un marido?
—¿Es posible?
—No hay nada más prosaico.
—¡Ah!
—Más material.
—¿S�
—Jamás la comprenden a una.
—¡Pues!
—Además, Rivera es tonto.
—¿También?
—Pues, como todo hombre de ciencia.
—Asà es.