Amalia

Amalia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En seguida bajaron por la gran escalera, y mientras Mansilla se reunía a su comitiva para montar a caballo, Daniel se acercó a Mariño y le dijo:

—Lo envidio a usted, comandante: yo quisiera tener también algún puesto donde poder distinguirme.

—¿Y sufriría usted por la Federación los desvelos que sufro yo?

—Todo: hasta las murmuraciones.

—¿Murmuraciones?

—Sí. Aquí mismo acabo de oír a algunos que criticaban algo de usted.

—¿De mí?

—Decían que no ha venido usted a la fortaleza hasta las once de la noche, debiendo venir a las siete.

Mariño revolvió los ojos, y se puso colorado como un tomate.

—¿Y quién decía eso, señor Bello? —preguntó Mariño, con voz trémula de rabia.

—Eso no se dice, señor Mariño: se cuentan los milagros sin nombrar los santos; pero hablaban de ello y sería bien desagradable que esto llegase a oídos del Restaurador.

Mariño se puso pálido.

—Habladurías —dijo.

—Por supuesto. Habladurías.

—Sin embargo, no repita usted esto a nadie, señor Bello.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker