Amalia
Amalia Muy señor mío: Están en mi poder sus cartas del 22 y 24 del pasado, y la última me ha confirmado la lisonjera idea de que la noble causa de mi patria encuentra prosélitos, no sólo en sus hijos, sino también en los hombres de corazón, cualquiera que sea la tierra de su nacimiento; y las solicitudes que me avisa usted haber sido dirigidas por compatriotas suyos al gobierno francés, sobre los asuntos del Plata, y en favor de la causa argentina, son otros tantos títulos de reconocimiento hacia esas excepciones nobles de la Europa, que tan mal nos comprende y peor nos quiere.
Pero, al pagar mi parte en esta deuda de gratitud, debo decir a usted con lealtad, que a la altura a que han llegado los acontecimientos, toda interposición que deba venir de Europa, favorable o adversa a nuestra causa, no llegará a tiempo de influir en los sucesos, porque las dos causas políticas deben resolverse al influjo de las armas, dentro de pocos días.
Para mí, la situación encierra un dilema preciso y terminante a este respecto: o la ciudad es tomada antes de quince días, y entonces Rosas está perdido para siempre, o el ejército libertador se retira, y entonces todo se pierde por muchos años, de un modo que no ofrecerá posibilidad de nuevo incremento, ni aun con el auxilio de un poder extraño.