La Edad de oro
La Edad de oro Pero Meñique, en cuanto se fue el rey, salió a buscar a sus hermanos, que parecían dos perros ratoneros, con las orejas cortadas.
—Díganme, hermanos, si no hice bien en querer saberlo todo, y ver de dónde venía el agua.
—Fortuna no más, fortuna —dijo Pablo.—La fortuna es ciega, y favorece a los necios.
—Hermanito —dijo Pedro,—con orejas o desorejado creo que está muy bien lo que has hecho, y quisiera que llegara aquí papá para que te viese.
Y Meñique se llevó a dormir a camas buenas a sus dos hermanos, a Pedro y a Pablo.