CrÃtica del Programa de Gotha
CrÃtica del Programa de Gotha Cada paso de movimiento real vale más que una docena de programas. Por lo tanto, si no era posible —y las circunstancias del momento no lo consentÃan— ir más allá del programa de Eisenach, habrÃa que haberse limitado, simplemente, a concertar un acuerdo para la acción contra el enemigo común. Pero, cuando se redacta un programa de principios (en vez de aplazarlo hasta el momento en que una más prolongada actuación conjunta lo haya preparado), se colocan ante todo el mundo los jalones por los que se mide el nivel del movimiento del Partido. Los jefes de los lassalleanos vinieron porque a ello les obligaron las circunstancias. Y si desde el primer momento se les hubiera hecho saber que no se admitÃa ningún chalaneo con los principios, habrÃan tenido que contentarse con un programa de acción o con un plan de organización para la actuación conjunta. En vez de esto, se les consiente que se presenten armados de mandatos, y se reconocen estos mandatos como obligatorios, rindiéndose asà a la clemencia o inclemencia de los que necesitaban ayuda. Y para colmo y remate, ellos celebran un Congreso antes del Congreso de conciliación, mientras que el propio Partido reúne el suyo post festum. Es obvio que con esto se ha querido escamotear toda crÃtica y no permitir que el propio Partido reflexionase. Sabido es que el mero hecho de la unificación satisface de por sà a los obreros, pero se equivoca quien piense que este éxito efÃmero no ha costado demasiado caro.
