La ideologia alemana
La ideologia alemana Este ardid especulativo de construirlo todo y de reducir lo más dispar a una supuesta conexión causal es algo que a nuestro santo le brota realmente de la cabeza y le corre por los dedos. Este ardid alcanza en él la más completa vacuidad y desciende hasta una manera burlesca de decir con gesto muy importante las mayores perogrulladas. Así, por ejemplo, ya en la Allgemeine Literatur-Zeitung[61], I, 5: «La diferencia entre mi trabajo y las hojas que llena de escritura, por ejemplo, un Philippson» (es decir, las hojas en blanco en que escribe, «por ejemplo, un Philippson») «tiene que ser necesariamente la que en efecto es».
«M. Hess», por cuyos escritos no asumen Engels y Marx responsabilidad alguna, representa para el sagrado crítico un fenómeno tan singular, que ante él no puede hacer otra cosa que transcribir largos pasajes de Los Últimos Filósofos y emitir el juicio de que «esta crítica, en algunos puntos, no ha sabido captar a Feuerbach, o de que también» (¡oh, teología!) «la vasija pretende rebelarse contra el alfarero», cfr., Ep. a los Rom. 9, 20-21. Y tras un nuevo «amargo trabajo» de citas, nuestro sagrado crítico llega por último al resultado de que Hess copia a Hegel, porque «combina» las dos obras y emplea la palabra «desarrollo». Como es natural, san Bruno tenía que rechazar la prueba de su total supeditación a Hegel, aportada en La Sagrada Familia, mediante un rodeo por Feuerbach.