La ideologia alemana

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2. El tan crédulo san Max, Jacques le bonhomme[70], no sabe decirnos acerca de la historia real y profana otra cosa sino que la contrapone siempre, bajo el nombre de «naturaleza», el «mundo de las cosas», el «mundo del niño», etc., a la conciencia como algo acerca de lo cual especula, como un mundo que, a pesar de su constante cancelación, sigue existiendo en una penumbra mística para reaparecer a la primera ocasión; probablemente porque siguen existiendo los niños y los negros y también, por tanto, «fácilmente», su mundo, el llamado mundo de las cosas. Acerca de semejantes construcciones históricas y ahistóricas, ya dijo el buen viejo Hegel, a propósito de Schelling, el campeón de todos los constructores, lo que acerca de esto había que decir: «El instrumento de este monótono formalismo no es más difícil de manejar que la paleta de un pintor en la que solo hubiera dos colores, por ejemplo, el negro» (realista, infantil, negroide, etc.) «y el amarillo» (idealista, juvenil, mongólico, etc.), «para cubrir con el primero una superficie, cuando se trate de pintar un trozo histórico» (el «mundo de las cosas») «y con el segundo otra en que se quiera pintar un paisaje» («el cielo», el espíritu, lo sagrado, etc.), Fenomenología del Espíritu, p. 39. Y aún más certeramente se burla la «conciencia vulgar» de esta clase de construcciones en la siguiente canción:

El señor nos manda la yunta


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