La ideologia alemana
La ideologia alemana El bienaventurado Max, que ha encontrado el fundamento suficiente para todo («He encontrado el fundamento en el que se agarra eternamente mi ancora», ¿y dónde sino en la idea, «por ejemplo», en el «sacerdocio», «etc.», de Robespierre, por ejemplo, Saint-Just, etc., de George Sand, Proudhon, la casta costurera berlinesa, etc.?), «no toma a mal a la clase burguesa el que, llevada de su egoísmo, se preguntase hasta qué punto debía dejar margen a la idea revolucionaria». Para san Max, «la idea revolucionaria» de los habits bleus y las honnêtes gens de 1789 es la misma «idea» de los sans-culottes de 1793, la misma idea acerca de la que se delibera si se le deberá «dejar margen», sin poder «dejar margen» a ninguna «idea» más.
Llegamos así a la jerarquía actual, al imperio de la idea en la vida corriente. Toda la segunda parte de «el libro» está llena de la lucha contra esta «jerarquía». Solo entraremos, pues, en ella en esta segunda parte. Sin embargo, como ya aquí san Max, exactamente igual que al hablar de las «manías», se recrea provisionalmente en sus ideas y repite al comienzo lo que vendrá después, como después lo que ha dicho al comienzo, nos vemos obligados a comprobar ya ahora unos cuantos ejemplos de su jerarquía. Su método, al hacer el libro, es el del egoísmo «único» que a lo largo de todo el libro se encuentra. Su propio goce y el goce del lector se hallan en razón inversa.