La ideologia alemana
La ideologia alemana «¡El primer señorío, la primera propiedad han sido adquiridos, se ha alcanzado la primera victoria completa!». El sagrado campeón ha superado ahora la historia, la ha reducido a pensamientos, a pensamientos puros que no son más que puros pensamientos y, al final de los tiempos, tiene frente a sí solamente un ejército de pensamientos. Y se pone en campaña, él, san Max, llevando ahora sobre sus espaldas la cruz, acompañado de Szeliga, su escudero, que, recibido en el cielo a puntapiés, se presenta de nuevo ante su señor con la cabeza gacha, para dar la batalla a este ejército de pensamientos o, mejor dicho, solo a la aureola de estos pensamientos. Esta vez es Sancho Panza, lleno de dichos morales, máximas y proverbios el que se lanza a la lucha contra lo sagrado, mientras Don Quijote asume el papel de su piadoso y fiel escudero. El honesto Sancho lucha con la misma valentía con que en otro tiempo luchara el Caballero manchego[94] y, al igual que él, no deja de confundir varias veces a un rebaño de ovejas mongólicas con un escuadrón de fantasmas. La descarada Maritornes aparece convertida, «bajo diversas mutaciones, con el tiempo y en diversas refracciones», en una casta costurera berlinesa, que se muere de anemia, mientras Sancho entona una elegía, elegía que lleva a la conciencia de todos los pasantes y tenientes de la guardia aquella frase de Rabelais de que «el arma más importante del lansquenete» liberador del mundo «es la bragueta».