La ideologia alemana
La ideologia alemana [… Stirner cree que «a “los buenos ciudad]anos” puede serles [indiferente quién] [les protege a ellos y a sus principios], si un rey absoluto, un rey constitucional o una república, etc.». Esto es «indiferente», por supuesto, para los «buenos ciudadanos» que beben tranquilamente su cerveza en una cervecería alemana, pero no lo es, ni mucho menos, para los ciudadanos históricos. Y es que el «buen ciudadano» Stirner se imagina aquí una vez más, como en todo el capítulo, que los burgueses de Francia, de Norteamérica y de Inglaterra son los buenos filisteos berlineses bebedores de cerveza. Traducida de la forma de la ilusión política a un buen alemán, la frase anterior quiere decir lo siguiente: a los burgueses «puede serles indiferente» el que su dominación sea ilimitada o el que otras clases contrarresten su poder político y económico. San Max cree que un rey absoluto o quien sea puede proteger a los burgueses tan bien como se protegen ellos mismos. Y que un «rey absoluto» va a poder, incluso, defender «sus principios», que consisten en someter el poder del Estado al chacun pour soi, chacun chez soi[102] y en explotarlo a su servicio. ¿Por qué no nos cita san Max un país donde, desarrolladas ya las relaciones del comercio y de la industria y bajo una gran competencia, los burgueses se dejen proteger por un «rey absoluto»? Después de convertir así a los burgueses históricos en filisteos alemanes al margen de la historia, Stirner ya no necesita tampoco conocer a otros burgueses que a los «apacibles ciudadanos y leales funcionarios» (!), dos espectros que solo se dejan ver en el «sacro» suelo alemán, para luego resumir a toda la clase bajo el nombre de «obedientes servidores», p. 139. ¿Por qué no echa un vistazo, en busca de estos obedientes servidores, a las bolsas de Londres, Mánchester, Nueva York y París? Puesto que san Max se ha puesto en marcha, podría también ahora recorrer the whole hog[103] y dar crédito a un limitado teórico de los Veintiún Pliegos cuando dice que «el liberalismo es el conocimiento de la razón aplicado a nuestras condiciones existentes» y declarar que «los liberales son fanáticos de la razón». Por estas […] frases puede verse hasta qué punto los alemanes [se resisten a] desprenderse de sus primeras ilusiones acerca del libera[lismo]. «Abraham creyó en esperanza, puesto que nada había que esperar y su fe le fue imputada por justicia» (Rom. 4, 18 y 22).