La Sagrada Familia
La Sagrada Familia La crítica absoluta, que nunca salió de la jaula de la idea hegeliana, pernea aquí contra los barrotes y los muros de su prisión. Con horror rechaza la «idea simple», la terminología, todo el modo de pensar de la filosofía, hasta toda filosofía. Reemplaza todo esto con «la verdadera riqueza de las relaciones humanas», el «fondo enorme de la historia», la «importancia del hombre», etc. Declara que «el misterio del sistema está develado».
¿Pero quién ha develado el misterio del sistema? Feuerbach. ¿Quién ha aniquilado, pues, a la dialéctica de las ideas, a la guerra de los dioses únicamente conocida por los filósofos? ¿Quién ha puesto, pues, «la importancia del hombre» —¡como si el hombre tuviera otra importancia que la de ser hombre!—, o al menos al hombre en el lugar del viejo fárrago, hasta a la «conciencia infinita del yo»? Feuerbach y sólo Feuerbach. Y ha hecho más todavía. Desde hace bastante tiempo ha aniquilado esas categorías, con las cuales la crítica juguetea actualmente. «La verdadera riqueza de las relaciones humanas, el fondo inmenso de la historia, la lucha de la historia, la lucha de la masa contra el espíritu, etcétera».