La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Tercera etapa. Ya hemos admirado la distinción «de tendero» que ha reemplazado a la despreocupación grosera, pero valiente, del Chourineur. Ahora nos enteramos de que, así como conviene a un ser moral, se ha asimilado el andar y los modales de un «tendero». En efecto, «al verlo caminar… se le hubiera tomado por el burgués más inofensivo del mundo»[22]. La forma que Rodolfo da a esta vida reformada según los principios de la crítica es más lamentable aún que el fondo. Despacha al Chourineur para África, donde podrá dar al mundo incrédulo el espectáculo saludable de su arrepentimiento. En adelante, el Chourineur ya no representará su naturaleza humana, sino un dogma cristiano.
Cuarta etapa. La metamorfosis crítico-moral ha hecho del Chourineur un hombre tranquilo y prudente que organiza su vida de acuerdo a las reglas del temor y de la experiencia. El Chourineur, nos informa Murf —que en su indiscreta simplicidad siempre da la clave—, el Chourineur no ha dicho una palabra de la ejecución del Maestro de Escuela por miedo a encontrarse comprometido. El Chourineur sabe, pues, que la ejecución del Maestro de Escuela fue un acto contrario a la ley. Pero no sopla una palabra por miedo a comprometerse. ¡Prudente Chourineur!